Casa de muñecas

Casa de muñecas

La niñita abre el regalo de cumpleaños con entusiasmo y rapidez, la misma rapidez con la que despliega la casita donde encuentra reproducidos en primorosa miniatura, al perro en el jardín, después la puerta de entrada, la sala con la televisión encendida, unas escaleras que suben hasta los cuartos, el cuarto grande familiarmente desordenado, pero también el pequeño, el mismo cuarto en el que ella coge entre sus dedos a sus padres que la miran felices, nerviosos y, finalmente, aterrorizados con tan peligroso juguete.

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Publicado en “La nave de los locos”, blog de Fernando Valls.

http://nalocos.blogspot.fr/2013/04/felix-terrones-y-2.html

Los fondos marinos

No sé quién fue el que tuvo la idea pero muy rápido nos encontramos sumergiéndonos todos los chicos. Poco importaba la hora, la estación, el nivel del mar o las advertencias de nuestros padres cuando lo único que queríamos era llenar nuestros pulmones de aire y hundirnos en esas corrientes cálidas y cómplices que nos acogían con todo su misterio. Alguno vio un tesoro, otro afirmó haberse cruzado con una sirena, mientras que varios aseguraban haber entrevisto una ciudad perdida. Ahora que ya pasaron varios años de todo eso, varios de nosotros ya se fueron y los que quedamos, cansados, enfermos y frágiles, ya no podemos bucear, miramos con nostalgia el mar, en cuyas profundidades se quedó lo mejor de nosotros.

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Publicado en “La nave de los locos”, blog de Fernando Valls.

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Madres e hijas

Desde mi ventana podía ver a Pamelita jugar con sus muñecas, estirarse sobre su cama para leer o bailar como una loca en su cuarto al ritmo de no sé qué canción adolescente. No sé cuándo fue que empezó lo otro, quiero decir, a mirarse frente al espejo, desvestirse, acariciar despacito cada una de las partes de su cuerpo, pero el hecho es que Pamelita me tenía hecho una brasa. Una noche no volvió a aparecer. Me temí lo peor. Pasó bastante tiempo antes de que la cortina se corriera otra vez. Cuando apareció la señora, entendí todo. Sus padres le habían obligado a cambiar de habitación. Pero la mamá de Pamelita es una mujer muy comprensiva que esboza una sonrisa cuando me mira sentado y expectante en mi ventana.

 

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Publicado en “La nave de los locos”, blog de Fernando Valls.

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