El desierto de los tártaros

Echarán abajo nuestros muros, destruirán nuestras casas, asesinarán a nuestros animales, antes de violar a nuestras mujeres y degollar a cada uno de nosotros. En el medio de la noche escuchamos el llanto lastimero de nuestros niños mezclado con el atronador galopar de sus bestias. Los imaginamos inmensos, voraces e inmisericordes. De sus bocas sale una lengua desconocida que no necesitamos conocer para entender todo el odio que tienen por nosotros. Con ese odio destruirán para siempre nuestra cultura. Pero llega el día y ellos todavía no han penetrado nuestra ciudad. Escuchamos en silencio. Nada. ¿Qué esperan los bárbaros para entrar? La gente comienza a agitarse. Pese a nuestras admoniciones, algunos dejan los escondites y salen a ver. Cuando regresan, lo hacen con la sonrisa en los labios, los bárbaros no están, nunca llegaron.
 
(Es entonces que la diana me despierta del sueño. Esta mañana, bajo este sol luminoso, derrotaremos a los últimos salvajes rebeldes a nuestra causa. Nuestra civilización terminará por imponer su refinamiento y riqueza por toda la tierra. Me coloco el casco y doy la señal para que ataquen…)
 
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Publicado en “Previsiones meteorológicas de un cangrejo 3.0”, blog de Agustín Martínez Valderrama.

http://acusmartvald.blogspot.fr/2012/11/pasen-y-vean-felix-terrones.html

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Historia del hombrecito y las masas

Era un hombre pequeño, pequeñísimo, más que un enano. De tan diminuto que era, la gente apenas lo veía cuando se lo cruzaban por la calle; por eso, cuando no lo pisaban o empujaban, lo golpeaban sin querer o lo esquivaban a última hora.Pero bastó que ese hombre diminuto subiera a una tarima y levantara la voz para que, de repente, el público reunido alrededor se excitara con entusiasmo y ardor frente a sus proclamas que llegaban, una y otra vez, directo a los corazones. Ahora que se ha convertido en rey, la masa se arrodilla a los pies del hombrecito, de pronto infinitamente más grande que ellos, los estúpidos mudos de siempre.

 

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Publicado en “Previsiones meteorológicas de un cangrejo 3.0”, blog de Agustín Martínez Valderrama.

http://acusmartvald.blogspot.fr/2012/11/pasen-y-vean-felix-terrones.html

 

Le facteur

J’avais arpenté la ville toute la matinée, cherchant ainsi à repousser mon retour et la dispute qui s’en suivrait. Dans mes pensées, je me voyais lui expliquant que plus rien ne nous unissait, que le silence avait fini par s’imposer entre nous, et que donc, le mieux était que nous nous séparions, que chacun suive son propre chemin, dos tourné aux souvenirs, jusqu’à ce qu’ils ne soient plus qu’oubli ou, ce qui revient au même, qu’ils cessent d’exister. Cependant, à peine arrivé devant la porte de l’immeuble, quelque chose m’obligea à faire demi-tour une fois de plus, comme si l’imminence de la séparation (ou sa perspective) me laissait entrevoir non seulement la difficulté de l’entreprise, mais aussi l’incertitude et le vide face à une nouvelle vie. À cette heure-là, la ville est une effervescence continuelle de piétons ; il est facile de diriger ses pas vers nulle part. Il suffit de prendre une rue en sens contraire pour se perdre dans des régions inconnues jusque-là, ignorées dans nos expériences préalables. Voilà comment mes pas finirent par me conduire au cimetière de la ville, où les bancs vides, occupés de temps à autre par quelque retraité, vagabond ou solitaire, brillaient sous le soleil estival. Il y régnait un silence fait de poussière atemporelle, un silence dans lequel je m’installai non sans un certain soulagement. Un pigeon s’approcha de moi pour quémander de la nourriture ; une famille transportant un cercueil passa ensuite – une femme pleurait en tête de cortège ; plus tard,  un prêtre suant et circonspect fit son apparition – il portait une lévite gonflée à cause du vent, le même vent qui tournait les pages de son missel ouvert. J’étais en train de me dire qu’il commençait à être tard, qu’elle m’attendait, qu’il était temps de rentrer,  lorsque je l’aperçus, avec ses sempiternels gilet gris et casquette bleue. Au début, j’imaginais qu’il demandait une adresse, tellement l’image était incongrue. Que diable fabriquait un facteur au milieu des niches,  des cryptes et des mausolées ? – pensai-je en le voyant se perdre dans l’un des colombariums, cherchant manifestement une adresse exacte, une enveloppe à la main. Quel message pouvait-il bien avoir à remettre à qui ne jouit plus de l’ouïe pour entendre ni ne dispose des mots pour répondre au-delà de la mort ? Le temps de m’inventer des centaines, des milliers de raisons pour expliquer sa présence, le facteur était déjà de retour dans l’allée, souriant et sans son enveloppe. En passant à côté de moi, impassible, magnifique et l’air triomphant, il me regarda du coin de l’œil. Je me levai derrière lui et lui emboîtai le pas. Une paix agitée s’empara de moi, une violence tranquille m’envahit. La silhouette du facteur se perdait au fond de la rue, sorte d’annonce de quelque chose qui n’était jamais arrivé et n’arriverait pas.

 

Je sus alors ce que je devais faire.

 

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(Traduit par Elena Geneau pour le compte du blog de traduction Tradabordo, dirigé par Caroline Lepage)

 

Lectures d’ailleurs : recueil virtuel de nouvelles d’Espagne et d’Amérique latine.

 

http://lecturesdailleurs.blogspot.fr/2012/11/le-facteur-f-terrones-perou.html

En un país desconocido

Como muchos otros, creímos que cambiar de lugar, de referentes e incluso de idioma, nos permitiría darle un nuevo impulso a nuestra relación. Apenas llegamos al aeropuerto y vimos toda esa gente dispuesta a tomar el avión, todos esos rostros extranjeros hablando en lenguas desconocidas, nos convencimos de que adentrarnos en lo desconocido nos uniría más y, nadie lo sabía, tal vez terminaría con nuestras disputas, constantes, intensas, fatigadas. Los primeros días, mientras reconocíamos la ciudad, nos sentábamos en alguna terraza, ocupábamos cualquier banca, aprendimos nuevamente a tomarnos de la mano, incluso a decirnos esas palabras que el pudor y el orgullo terminan por empolvar. Con el tiempo, sin embargo, cualquier excusa fue conveniente para intercambiar una ironía, soltar algún sarcasmo o enunciar cualquier crítica. Ahora que nos hemos separado para que cada uno pueda dar un paseo, camino con las manos en los bolsillos por una calle cada vez más concurrida. A mi izquierda y a mi derecha los hombros y codos de la gente se estrellan a cada instante con mi cuerpo, mientras que por detrás algo me empuja, una fuerza que me obliga a avanzar sin dilaciones. Veo los rostros de la gente, todos esos desconocidos, que se detienen un instante en mí para olvidarme después y un sentimiento extraño nace en mí, me lleva a buscar en mis bolsillos, desgarrar el mapa y arrojar mis documentos. Al fondo de ese mar de cabezas, creo distinguirla, parada en el medio de la plaza convenida, mirando a la izquierda y a la derecha, intentando convencerse de que es imposible esperar en vano, cuando se espera a alguien que de verdad nunca llegó.

Publicado en “Internacional Microcuentista”.

http://revistamicrorrelatos.blogspot.fr/2012/09/en-un-pais-desconocido.html

Bolero de Ravel

Creo que fue ella la de la idea. El hecho es que muy rápido hicimos de esa idea un juego, uno de esos rituales que en su repetición se desdoblan al infinito pero guardando siempre un núcleo. El infinito eran nuestras caricias espontáneas, nuestras palabras a media voz, nuestras ganas de poseernos mutuamente de cualquier manera; mientras que el núcleo era la música que escuchábamos, el Bolero de Ravel. Primero, al ritmo de las flautas, anhelábamos encontrarnos en medio de la oscuridad, después, cuando entraba el clarinete, nos precipitábamos a aquello que buscábamos y que llegaba, esperado, frenético, inevitable con el tutti de instrumentos, en medio del clímax final. Ahora que nos hemos separado, que ella ha dejado el piso sin decirme una sola palabra, que nunca más escucharemos juntos a Ravel, quiero convencerme de que se ha llevado el disco como recuerdo de lo que fue nuestra vida juntos, pero algo me dice que, infame, cruel y voluptuoso, el Bolero de Ravel será puesto a todo volumen esta madrugada.

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Publicado en “En sentido figurado”.

 

http://ensentidofigurado.com/ESF48-11.pdf

Soldadito de plomo

Fue su regalo de cumpleaños. Cabía en la palma de su mano en la que lo posaba para contemplarlo: temerario y decidido, apuntaba al enemigo con la bayoneta. Después conocería otros regalos, una pelota, una bicicleta, una moto e incluso un coche pero nunca se separaría de él. Esa mañana, debajo del puente, sus ojos congelados en un segundo transformado ya en doliente pasado, el soldadito de plomo yacía a su lado, confundido y silencioso, como derrotado en esa guerra que nunca fue suya. 

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Publicado en “La esfera cultural”.

 

http://programalaesfera.blogspot.fr/2012/05/soldadito-de-plomo.html

 
 

Imaginación infantil

Fue Pablo quien comenzó poco antes del anochecer. Afuera, en el medio de la oscuridad, nos esperaba una bestia feroz, de garras enormes y pesadas, de fauces sanguinarias dispuestas a comerse todos los niños. Se dio cuenta de que había ido demasiado lejos cuando nos escuchó llorar. Entonces nos dijo que no fuéramos tontos, era una broma, solamente había querido asustarnos. Como nos vio escépticos, nos dijo que ya nos mostraría. Entonces, abrió la puerta y salió de la casa. Todavía seguimos esperándolo mientras escuchamos el ulular imprevisible y salvaje de la noche entrar por la chimenea.

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Publicado en “La maquina de coser palabras”, blog de Juan Yañes.

 

http://jyanes.blogspot.fr/2012/05/dos-cuentos-felix-terrones.html